¿Por qué Cuántica?
La palabra cuántica se ha vuelto popular. Aparece en tantos cursos y discursos que prometen magia que casi se ha vaciado de sentido. Seré honesta: cuando empecé, a mí también me atrajo. Pero la elegí por una razón concreta, y quiero compartirla.
Soy una apasionada de la mecánica cuántica. De ahí viene el nombre. Y hay un principio en particular que inspiró mi forma de trabajar: el llamado problema de la medida, esa constatación de que, en el mundo subatómico, el simple hecho de observar un sistema altera su comportamiento. El observador no es neutral: participa en lo que observa.
Ahora bien, ese principio está demostrado a escala subatómica, en el comportamiento de las partículas. No está demostrado que funcione igual en la vida de una persona, y yo no lo presento como una ley científica aplicada a lo humano. Lo tomo como lo que es para mí: una imagen reveladora, una inspiración que ilumina algo que sí he comprobado, en más de mil setecientas sesiones y en mi propia experiencia.
Y lo que he comprobado es esto. Cada persona observa su vida a través de un filtro: sus heridas, su historia, su programación inconsciente. No ve la realidad tal como es, sino tal como ese filtro le permite verla. De modo que, si el filtro se puede reescribir, y es precisamente ahí donde trabajo, cambia lo que esa persona percibe. Cambia el observador. Y cuando cambia el observador, cambia también aquello que es capaz de ver, de decidir y de crear.
Ese es parte el sentido de mi trabajo: llegar hasta ese filtro y acompañarte a soltar lo que distorsiona tu percepción y limita tu vida, para que vuelvas a percibir y a construir desde un lugar más propio.