La  pregunta que abrió el camino

 

Hay una pregunta que me acompaña desde que tengo memoria: ¿es esto todo lo que hay, o lo que llamamos realidad es solo la versión que aprendimos a dar por buena?

 

Esa pregunta, que de niña era apenas una intuición, se convirtió con los años en el eje de mi trabajo y en una investigación que no se ha detenido nunca. Durante más de veinticinco años me he dedicado a estudiar cómo construye el ser humano su realidad y por qué, una y otra vez, tiende a repetirla. Me he formado en psicología, neuroplasticidad, lenguaje simbólico y procesos inconscientes, y durante nueve años en arte dramático y dirección de actores, una formación tan reveladora sobre la naturaleza humana como cualquier disciplina científica. Pero mi verdadera escuela han sido las más de mil setecientas sesiones en las que he acompañado a personas reales en sus procesos de transformación.

 

Mi nombre es Andrea Brandariz, y de todo ese recorrido nació lo que hoy llamo Terapia Cuántica. No es una técnica aprendida ni una etiqueta de moda. Es un método propio, construido a lo largo del tiempo, tanto desde el conocimiento como desde mi propia experiencia.

 

Buena parte de lo que aplico nació en el teatro y lo confirmé en la práctica. Aprender a frenar antes de reaccionar en automático, a observarme desde fuera, a soltar un personaje para construir otro, a sostener la atención en el presente: todo eso, que en escena es oficio, resultó ser algunas de las herramientas que una persona necesita para transformar su vida.

 

Mi trabajo se construye sobre una capacidad que he afinado durante años. En cada persona o grupo que acompaño, atiendo mucho más que a sus palabras: lo que se dice, cómo se dice y lo que se hace son para mí información, y debajo de todo eso reconozco el origen de lo que ocurre. Este enfoque no es de autoayuda ni promete transformaciones inmediatas. Se apoya en una convicción que he comprobado en cada proceso: aquello que se repite en nuestra vida no responde al azar, sino a una estructura interna que lo crea y lo sostiene. Cuando esa estructura se revisa y se transforma, la realidad deja de repetirse y empieza, por fin, a poder elegirse.

 

Si algo define mi manera de entender este trabajo, es el respeto por lo singular de cada persona: esa forma propia e irrepetible que las circunstancias, los aprendizajes y el entorno tienden a cubrir, pero nunca llegan a borrar. Mi labor consiste en acompañar a recuperarla. Y cuando una persona vuelve a habitarla, recupera algo esencial: la libertad de decidir desde sí misma y de construir una vida que de verdad le pertenece.